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"Eso no se puede aquí"... ¿verdadera inmovilidad en el AMG ?

Por: Malou Charenton

Cuando llegué al Área Metropolitana de Guadalajara hace ya nueve meses, tuve la sensación de escuchar en muchas ocasiones la frase "Eso no se puede aquí", como respuesta a algunas sugerencias que expresaba para mejorar las condiciones de vida de quienes compartimos la ciudad, especialmente sobre la movilidad. Cuando cuestionaba el porqué, las respuestas comunes eran “Porque tenemos mucha corrupción”, “Porque los trámites administrativos son muy complicados”, “Porque hay muchas desigualdades económicas”, “Porque no se piensa en el interés común”, “Porque la gente no cree en la posibilidad de un cambio” ... ¿Será acaso que más bien no sabemos cómo empezarlo?

Estas conversaciones me hicieron reflexionar sobre el reto que tiene el país frente un estatu quo sobre el estado en el que vivimos. ¿Será realmente que así es, así funciona y no cambiará? ¿Realmente tenemos inmovilidad en la ciudad? ¿Viviremos siempre en esta condición?

Lo irónico es que entré al IMEPLAN para ser parte del equipo encargado del estudio y análisis de las  problemáticas de transporte y movilidad en la metrópoli, y a primera vista, el estado de la movilidad en la ciudad podría verse como un reflejo a pequeña escala de lo que denuncié anteriormente. Durante mi tiempo en Guadalajara he tenido la oportunidad de utilizar todos (¿Creo?) los modos de transporte disponibles en la metrópoli; desde el automóvil privado hasta la moto-taxi, desde los autobuses hasta la bici, y no fue siempre un juego de niños:

  • Como peatón, no puedes levantar los ojos de tu camino si no te quieres caer en un hoyo,
  • Como conductor o pasajero de carro, te asustas por los otros carros que pueden pasar al semáforo rojo o que no usan direccionales,
  • Como pasajero de camión, te mueves por todas partes por los curvas y los topes encontrados en tu camino,
  • Como ciclista, tienes que zigzaguear entre las ciclovías, las carreteras y las banquetas para no ser atropellado por algún vehículo.

Si a esto le añadimos el número de vehículos en circulación y las distancias que la gente debe de recorrer para llegar a su destino (son mínimo dos horas de camino para los habitantes de Tlajomulco hasta el centro de Guadalajara), se podría dar razón a los comentarios derrotistas.

Pero a pesar de todo eso, es un tema sobre el que todos tienen algo que decir. Es un tema tan común que nos responsabiliza a todos. Moverse es un elemento esencial del día a día y la calidad de vida de un ciudadano se ve directamente influenciada por sus desplazamientos. Por lo tanto, mejor la movilidad en la ciudad es una tarea tanto técnica como social y económica. Lograr la creación de un buen modelo de movilidad urbana no se reduce al desarrollo de un sistema de transporte público, ni se trata de mover una persona de un punto a otro, sino de de proveer independencia y libertad de moverse a su necesidad y deseo,  de luchar en contra de la exclusión social, de sentirse seguro en los desplazamientos, de pagar un precio justo...

Como lo dije antes, todos tienen algo que decir, pero no como lo imaginaba con los primeros comentarios recibí al llegar a Guadalajara. La gente me ha compartido ideas constructivas sobre el desarrollo de infraestructuras, y propuestas de acciones por parte de la sociedad civil. La ciudadanía habla de ciclovías, de proteger el medio ambiente, de compartir los carros en las ciudades periféricas, de promover la cultura vial. En otras palabras, la movilidad moviliza.

La cultura vial es la primera herramienta para lograr una verdadera transformación. Hablar de esta cultura, se refiere a las acciones y actitudes que definen la manera en que se convive con los otros modos de transporte, racionalizando el espacio para asignar a “cada quien lo que le toca”. Un buen modelo de movilidad funciona como un sistema donde todos somos conscientes del impacto que tenemos sobre los desplazamientos de los demás y actuamos en consecuencia. Hay que evitar el efecto mariposa: Si estaciono mi carro sobre una ciclovía  para llevarme una torta ahogada de la tienda, cambio la trayectoria de la bici que está llegando, el ciclista se tiene que desviar por la carretera, molestando a los conductores que están en circulación, o por la banqueta, arriesgando a los peatones. De igual manera, si como peatón voy de paseo, decido cruzar la calle y lo hago en cualquier punto menos por la esquina atravesando entre los carros estacionados; sorprendo a un carro o un autobús que no me había visto cruzar…

De los arroyos chicos se hacen los grandes ríos” y la ciudadanía tiene el poder de transformar con sus actitudes y acciones. Si mi destino está a 20 minutos caminando, no saco mi carro, porque ocasionaré más tráfico (y perderé el tiempo que pensaba de ganar) o no cruzo la intersección cuando el semáforo está en rojo, aunque nadie está pasando porque una bici podría pasar.

En nueve meses viviendo en la ciudad, he podido ver que los destellos de consideración por el bienestar general están creciendo y he notado cambios en la manera en la que la gente se mueve:

La línea 3 se está construyendo para unir Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque, el Macrolibramiento para liberar la ciudad del transporte de carga; la sociedad civil se expresa por el medio de asociaciones para proponer nuevas orientaciones por el desarrollo de la ciudad; los gobiernos de los municipios metropolitanos son abiertos al cambio y toman decisiones a favor de la movilidad sustentable; los usuarios de miBICI aumentan; los conductores de automóvil consideran cada vez más a los ciclistas y la Vía RecreActiva cuenta cada semana con nuevos adeptos.

Quizás debería de cambiar el título de mi artículo : “Eso se está haciendo aquí”.

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